Hombres Profundos, Aguas Profundas

A la edad de 16 años aproximadamente experimenté un fuerte deseo de buscar a Dios y servirle. Junto con algunos amigos, que también estaban entusiasmados en este poderoso y cautivante llamado, recibimos el apodo de “los profundos”. Uno de esos días en que jugábamos y orábamos, llegamos a la interesante conclusión: es bueno ser profundos.

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