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Hombres Profundos, Aguas Profundas

A la edad de 16 años aproximadamente experimenté un fuerte deseo de buscar a Dios y servirle. Junto con algunos amigos, que también estaban entusiasmados en este poderoso y cautivante llamado, recibimos el apodo de “los profundos”. Uno de esos días en que jugábamos y orábamos, llegamos a la interesante conclusión: es bueno ser profundos.

Jeremías, Moisés y Samuel
Durante el ministerio del profeta Jeremías, el pecado estaba escrito en el corazón de Judá y Dios trajo juicio a la tierra. Más conocido como el “profeta llorón”, fue un hombre profundo, apasionado, sincero, sufrido y valiente. Sin dudas, conocía a Dios. Dios hablaba directamente con ÉL. Constantemente encontramos en el libro que lleva su nombre, la expresión “Así dice el Señor”, o “Vino Palabra de Jehová”. Su servicio fue puesto a prueba puesto que las palabras que transmitía de parte de Dios constituían una advertencia del justo e inminente juicio para limpiar al pueblo de su maldad. En este contexto, el capítulo 15 verso 1 de Jeremías cita a Moisés y Samuel.
¿Por qué? Porque aunque ellos, los grandes intercesores que ha tenido el pueblo de Israel, se presentaran ante Dios, Él no se conmovería.
• Moisés suplicó a Dios para que no destruyera a Su pueblo luego que ellos se fueran tras la idolatría (Éxodo 32:9-14). Luego, Éxodo 33:9-11 describe cómo Dios hablaba cara a cara con Su siervo.
• A su turno, Samuel anima al pueblo de Israel a volverse y prepararse al Señor de todo corazón y a quitar los dioses extraños (1 Samuel 7:3). Luego de la positiva respuesta del pueblo, Samuel reunió al pueblo para orar por ellos, “y clamó Samuel a Jehová por Israel, y Jehová lo escuchó” con una gran demostración de Su poder (1 Samuel 7:8-10).
Ambos, al igual que Jeremías, hombres profundos.
Una de las claras expresiones de la profundidad de Jeremías la encontramos en el capítulo 15, versos 15 al 20, pasaje en el que dialoga abiertamente con Dios.
El verso 18 muestra cómo se estaba afectando la visión que el profeta tenía de Dios. ¿Serás para mí como algo ilusorio? Como aguas que no son estables. Con estas expresiones, este hombre, probablemente, tiene en mente un arroyo que se seca en tiempo de sequía (Job 6:15-17). Y es que la Biblia habla mucho acerca del agua. Ésta es fundamental (Jeremías 17: 7-8; Salmo 1:2-3; Ezequiel 47; Juan 7:37-39). También habla mucho de la sequía y de cómo Dios promete saciarnos en medio de éstas (Isaías 58:11).
¿Te has visto últimamente atravesando alguna sequía? ¿Cuál es la razón? ¿Es la mano de Dios probándote? ¿Son tus conflictos sin resolver?
Jeremías estaba atravesando una sequía (15:17-18), pero entendió que venía de arriba. Comprendió que su sustento era la Palabra de Dios. En el verso 16 tenemos una diferencia entre las numerosas palabras o mensajes que Dios nos envía y la Palabra de Dios como un todo (Juan 17:8,17). Respecto de las primeras, el profeta se alimentó de ellas. Vivió en su carne las palabras del Dios vivo. Las asimiló bien antes de transmitirlas. Y pese a todo lo sufrido, expresa que fueron su gozo. Esto es expresión de su devoción y pasión.
Concentrémonos en el verso 19. ¿En qué consistió la respuesta de Dios?
• Conviértete y yo te restauraré. No dejes que tus interpretaciones sobre Mí se interpongan. Vuélvete, arrepiéntete. Así podrás estar delante de Mí.
• Aparta lo precioso de lo vil y serás mi boca. Dios le estaba invitando a ser un mensajero de salvación.
• No te rebajes al nivel espiritual del pueblo. Que ellos suban al tuyo.

Observemos, ahora, la promesa del verso 20. Dios le advierte que no se venía fácil, pero que estará con él, le librará y salvará.
Aplicación: ¿Qué decisión concreta tomaré hoy para ser una persona más profunda?
Ejemplo:
1. Intensificaré mis tiempos con Dios y la lectura de Su Palabra, apuntando en un cuaderno devocional las meditaciones obtenidas.
2. Ocuparé mejor mi mente para reflexionar en las grandezas de Dios más que en mis afanes.