¿DISCÍPULO DE QUIÉN?

Tendría yo 8 años y dos hermanos del vecindario iniciaron una guerra sin cuartel contra nuestra casa, inundado el patio trasero de cuanta porquería podían tirar, además de las piedras y otros guijarros que impedían nuestro libre tránsito. No hubo manera de contrarrestar su vandálica acción, ni el hecho de haber puesto en conocimiento a su madre de las acciones de sus agresivos hijos. Fue entonces cuando llegó la ayuda tan necesaria y no esperada, mi primo Sebastián, de la misma edad de uno de ellos, llegó a engrosar mi muy limitada y precaria artillería.

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