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Congreso Abril

NUESTRO CONGRESO “Padre y Señor”



Isaías 1: una realidad, un diagnóstico, una propuesta

Es un mensaje bien interesante el que Dios quiere comunicar. Le interesa que sea escuchado en los cielos y en la tierra, en toda la creación: va a hablar Dios. Comienza hablando de dos conceptos: paternidad y señorío.
1. Paternidad: este concepto hace referencia a la relación de un padre con sus hijos, e incluye provisión, protección y dirección, las cuales tienen el propósito de que los hijos experimenten la paternidad, la cual marcaría una diferencia en sus vidas. De esta manera, viendo el mundo la distinción entre un pueblo que tiene a Dios por Padre y quienes no lo tienen, anhele conocer al Padre.
2. Señorío: el concepto de señorío de Dios implica que la paternidad requiere seguir instrucciones que son determinantes para vivir esa experiencia. El señorío de Dios implica guía y orientación, y por supuesto, obediencia de parte de los hijos, para vivir una vida sana, plena y abundante tanto individual como colectivamente.
El problema es que el hombre se rebela a experimentar esa paternidad y ese señorío.
Dios hace una reflexión didáctica: “hasta los animales como el buey conocen a su amo y el asno el pesebre de su señor…”. Esta es una reacción instintiva del animal: reconocer el cuidado y la preocupación de alguien por sus vidas. En cambio Israel (como hoy la humanidad) no entiende, no tiene conocimiento, está cegado, ha perdido la visión, la perspectiva de Dios. El distanciamiento de la paternidad, del señorío, del seguir las instrucciones divinas, produce dolor en el corazón del Señor, y destrucción y muerte en el ser humano.
Consecuencias del Apartamiento
1. Individuales: una cabeza enferma (lo que incluye males y desórdenes mentales, pérdida del equilibrio, pérdida de visión, de perspectiva de la vida, y pensamientos equivocados) y un corazón dolido (que incluye emociones alteradas y heridas en el corazón). Más aún, toda la naturaleza del hombre, “de la cabeza a los pies” está enferma.
2. Colectivas: la tierra se ve afectada, ya que los males individuales traen destrucción: hay conflictos entre hombres y entre naciones, exterminios, problemas bilaterales, conflictos al interior del matrimonio y diferencias multilaterales entre sociedades.
La solución viene de Dios, quien invita al hombre al arrepentimiento. Esto quiere decir, a caer en cuenta de que por olvidarse de Dios, de Su paternidad, se expuso a las consecuencias que está viviendo, y que anhele volver a vivir esa paternidad, pero en una relación con Dios, en una experiencia viva, no religiosa.
Dios invita al hombre a llegar a acuerdos: “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta”. Él ha provisto a Jesús, Quién en Su venida, muerte y resurrección es el puente entre Dios y los hombres. Tú necesitas ser lavado, limpiado, perdonado, sanado; necesitas volver tu corazón a Dios y esto solo puede ser a través de la persona de Jesucristo. Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”. Puedes invitar a Jesús a tu corazón. Él dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él…”.
Habla con Dios; dile cuanto lo necesitas, cuánto necesitas de Su paternidad, de Su guía. Dile lo frustrante que ha sido la vida sin Él, dile que aceptas Su provisión para volver a Él, e invita a Jesús a tu corazón, entrégale tu vida, y el Espíritu Santo en tu corazón te permitirá experimentar Su paternidad. Podrás expresar: “Abba Padre” (Papito).
Entonces podrás ver resultados en tu ser. Y, una vez cambiado tu ser, vendrán nuevas conductas. Porque tus conductas son el resultado de lo que tú eres.
O bien decidimos seguir viviendo como estamos viviendo, con los resultados que estamos viendo, o decidimos escuchar a Dios y volver nuestros ojos a Él y empezar a ver cambios significativos en nuestro ser, en nuestras familias, en nuestros hijos, en nuestra sociedad, en nuestra tierra.