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“La Palabra de Dios es inagotable”

Hace días escuché la siguiente frase: “La Palabra de Dios es inagotable” y me pareció que representaba lo que yo había querido expresar desde hace mucho tiempo.
Tanto fue lo que llamó mi atención, que decidí apuntarla, ¿por qué? Porque sabía que la mente es frágil, podía olvidarla, finalmente eso ocurrió.
Paradógicamente, con la Biblia no es igual. El apóstol Pablo en Hebreos 4:12, nos dice: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz…”, es activa, se mueve, está siempre presente en nuestros pensamientos y nos permite actuar de manera determinada en ciertas ocasiones o circunstancias si se lo permitimos.
En el año 1994, estaba cursando la carrera de Ingeniería en Alimentos, de la cual posteriormente me titulé, cuando me presentaron a Cristo en la universidad. Debo reconocer que hice la oración más por curiosidad que por una convicción real acerca de lo que estaba haciendo. Fui a una reunión en la calle Jofré y quedé impactada con la alabanza, con ver las manos levantadas y con todo lo que veía a mi alrededor. No estaba acostumbrada a nada de lo que veía, obviamente, al término de la reunión salí raudamente y no volví.
Pasaron 5 años durante los cuales viví una vida normal para el mundo, pero experimentando un vacío interno que no quería reconocer, trataba de llenar mis vacíos con mi carrera y con planes de éxito futuros, sin embargo, el Señor se encargó de buscarme y hacerme saber que le necesitaba desesperadamente.
Una noche en el año 1999, finalmente sentí ese vacío sobrecogedor que experimenta todo ser humano que está muerto espiritualmente, fui realmente consiente de ello. Mi única esperanza era que de manera sobrenatural algo sucediera, por eso miré al cielo de mi habitación y audazmente le dije al Señor: “Si eres real, muéstramelo”, seguido de esta frase desafiante, abrí una Biblia que tenía al costado de mi cama. Mis ojos se posaron sobre un solo versículo: “Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”, cuando lo leí mi piel se erizó, mis ojos se llenaron de lágrimas y comencé a llorar. No podía entender, que el Dios de los cielos me hablara y me dijera que Él estaba presente, sino que además me decía que tenía un propósito para mí vida. En un segundo mis planes, ideas y propósitos se esfumaron y fueron reemplazados por lo que Dios quería hacer conmigo. La Palabra de Dios me había vivificado, se había hecho real para mí, era como lo que debe haber sentido Adán cuando el Señor sopló aliento de vida en su nariz. A partir de ese momento, supe que ese era El camino, mi camino.
Abrir la Palabra de Dios, ha sido sumergirme en un mundo de conocimientos que son reales, tangibles, que abren un nuevo nivel de conocimiento a mi tan limitada visión de la vida, de las cosas, de la eternidad, de quién es Dios. Cuando me siento a meditarla puedo comprender, con la ayuda del Espíritu Santo, lo que el Señor quiere mostrarme en cada frase, versículo e historia que está plasmada en Su Palabra escrita.
En la segunda carta a Timoteo, se nos dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios…” (2 Timoteo 3:16). Inspirada… palabra que toma un sentido especial, cuando vemos que en griego “theopneustos” (theos, "Dios", y pneo, "aliento") significa “respirar”, Dios mismo respiró Su Palabra y en forma sobrenatural el Espíritu Santo guió a tantos hombres a registrar en la Biblia el Plan de Salvación, dejando una huella indeleble a través de los tiempos.
He aprendido que la Palabra de Dios definitivamente es, viva, eficaz, inspirada, es una guía que me impulsa, me enseña, así como declara el Salmo 119:105, “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”.
Cuando permito que esta Palabra viva actúe en mi vida, ésta me transforma, convierte mi alma, es decir, mi mente es renovada no ajustándose a los patrones de este mundo, mis emociones quedan sujetas al control del Espíritu Santo, y mi voluntad es entregada a un vivir conforme a convicciones claras y firmes.
La Biblia no es solo un libro, sino que es El Libro, el cual fue ideado en el mismo cielo. Me he apropiado de sus promesas y he visto como se cumplen a su debido tiempo conforme al propósito para mi vida. Puedo aseverar que es la misma voz de Dios hablándome y trayendo sabiduría a mi corazón, que de otra forma jamás podría tener, mis ojos se han abierto a la revelación de un mundo que parece de locos para los que no creen en ella, pero que permanece para siempre en verdad y justicia.
“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.” (1 Corintios 1:18)
“…Poder de Dios…”, poder para salvar, sanar, amonestar, corregir mis sendas y librarme de mis errores, aun de los que me son ocultos.
En guardar los mandamientos de Dios, hay grande galardón declara la Biblia. En hebreo, literalmente galardón es “fin”, por lo cual, el hombre o la mujer que quiere que sus días tengan un buen término, que quiere ver buen fin para su vida, debe apropiarse de lo que la Biblia nos dice, porque entonces seremos íntegros y limpios por la Palabra que el Señor nos ha hablado.
Mi oración de continuo es como la que hizo David en el Salmo 19:14: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti,
Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.”
Yo quiero ver buen término a mi vida, mirar un día hacia atrás y ver que peleé la buena batalla de la fe, que corrí a la meta y que me extiendo a lo que está adelante, el encuentro con mi amado Jesús.